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Un artículo de nuestra colaboradora Irene Tarragó

En esta situación tan especial que estamos viviendo, me gustaría escribir algo que animara a todos. Cuando estoy escribiendo estas palabras, estamos empezando la cuarta semana de confinamiento y nos acaban de decir que se prolonga dos más, lo que no quiere decir que sea el final.

Lo primero aclarar, por si hay alguna duda, que las personas con epilepsia no tenemos ninguna predisposición a coger el COVID19 por tener epilepsia. Lo único que puede ocurrir es que, si lo cogemos, la fiebre nos pueda producir alguna convulsión.

Esta pandemia yo la comparo con una guerra, una guerra en la que todos estamos unidos, porque el enemigo es común: al COVID19 le importa muy poco que seas hombre o mujer, blanco o negro, rico o pobre, musulmán o católico, catalán, aragonés o gallego. Sí, se ensaña con los más débiles (los más mayores, los que sufren patologías previas, etc), pero hasta en eso se parece a una guerra.

Todos los vecinos, saludándonos, cantando juntos, aplaudiendo a todos aquellos que están en primera línea

Y yo, todos los días, cuando llegan las 20:00 y salgo a mi ventana, siento una emoción que me llega hasta el alma: todos los vecinos, conocidos y no conocidos, saludándonos, cantando juntos, aplaudiendo a todos aquellos que están en primera línea dándolo todo por nosotros; transportistas, panaderos, empleados de supermercados, farmacias, sanitarios, bomberos, policía, ejército… Es tan emocionante cómo podemos estar unidos… y tan reconfortante…

Lo que me gustaría es que este sentimiento de unidad siguiera después de esta crisis. Que fuéramos siempre capaces de ver por el bien común; que pensáramos en los demás; que nos humanicemos, que el humanismo se estaba esfumando de nuestras vidas y ha venido este virus a recordárnoslo.

Por eso, al margen de desear que tanto vosotros como vuestras familias estéis bien y recomendaros que os quedéis en casa y os lavéis las manos, os recomiendo que disfrutéis de todo aquello que, en condiciones normales, no hacíais, como charlar con la familia, amigos… dedicarles más tiempo; és una oportunidad buenísima.

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