«Las personas con epilepsia amamos, sentimos, y nos alegramos de lo mismo que cualquier otra persona»

Un artículo de nuestra colaboradora Irene Tarragó

El pasado día tres de julio fue mi cumpleaños. Todos los años lo celebro con mayor o menor algarabía, con reuniones familiares, con amigos o solo con la familia más próxima. Este año, por el COVID 19, estaba claro que iba a ser una celebración pequeña y en casa.

Las circunstancias se dieron bien y nos pudimos desplazar a una casa que tenemos en el campo, a la cual pudo venir, también, mi hijo mayor con su familia. Yo pensé que ya no iba a venir nadie más, pues mi hijo pequeño está viviendo en Barcelona y eran muchos kilómetros para estar solamente un par de días. Pero se presentó por sorpresa. ¡Qué maravilla! El mejor regalo. Celebramos el cumpleaños toda la familia: mis dos hijos, mis dos nietas, mi nuera, mi marido y yo.

Tengo que confesar que ha sido uno de los mejores cumpleaños de mi vida. Hasta se nos olvidó encargar la tarta (al tratarse de un pueblo hay que encargarla el día anterior), pero nos dio igual: compramos una tarta helada y, como tampoco teníamos vela, encontré una por casa con un 1 y la pusimos. Al fin y al cabo, los años se cumplen de uno en uno, ¿no?

Hubo cánticos, abrazos, risas… toda una constatación de que las cosas pequeñas y hechas con amor son las más importantes. Cuando escribo este artículo, mi hijo pequeño ya está de nuevo en Barcelona. Nos ha sabido a poco, pero aquí nos quedamos con el mayor y su familia, que tenemos dos nietas que me las como a besos.

Las personas con epilepsia amamos, sentimos, y nos alegramos de lo mismo que cualquier otra persona. Quizás sabemos apreciar más lo pequeño, lo banal, lo cotidiano. Aquello a lo que otros no dan valor (quizás es más acertado decir que no se plantean si tiene valor o no), una persona con epilepsia se lo da. Por ejemplo, un baño en la piscina o en el mar. Podemos y debemos disfrutar del agua, pero tenemos que tener la precaución de hacerlo siempre en compañía o con supervisión. Y yo, cuando estoy en la piscina con mi gente, disfruto como una niña pequeña. Porque si me quedo sola, no lo puedo hacer.

Bueno, pues a tener un buen verano y a disfrutar del mar, la montaña y, sobre todo, de estar con vuestras familias. Yo ya me despido hasta septiembre.

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