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Un artículo de nuestra colaboradora Irene Tarragó

Estando en confinamiento, tienes mucho tiempo para reflexionar. Da por pensar muchas cosas. Es cierto, que puedes inclinar tu pensamiento hacia lo más negativo, porque es lo más sencillo: no puedo salir, no puedo ver a los que más quiero, no puedo ir a mi casa del pueblo, no puedo ir al bar, tengo que llegar una mascarilla incomodísma…

Pero ¿y si nos fijamos en lo que sí podemos hacer? Podemos relacionarnos de otra manera con muchas personas que están lejos y que, en circunstancias normales, tardamos mucho más en ponernos en contacto que ahora; podemos dedicar tiempo a actividades como leer u otras más prosaicas como ordenar la casa o limpiar a fondo; podemos  observar con calma, podemos… podemos ser solidarios.

Lo más importante en este momento es no mirarse el ombligo. Tenemos la obligación de afrontar esta pandemia entre todos. Al margen de la crisis sanitaria, que está siendo letal, lamentablemente, hay muchísimas personas que lo están perdiendo todo, pierden el trabajo, los negocios… una de las consecuencias más graves de esta crisis va a ser la económica y, en esta crisis, lo mismo que en la sanitaria, tras las cifras hay personas, hay familias.

Soy una privilegiada por muchas cosas pero, la primera, por mi epilepsia controlada con medicación

De ahí el título de esta entrada: “Soy una privilegiada”, porque, de momento, no me ha atrapado el virus y mi situación económica no es lamentable. Por eso, no me queda otra, tengo que ayudar, ya sea informando, colaborando con servicios sociales, detectando carencias y aportando soluciones o haciendo de puente entre la necesidad y el organismo adecuado, aportando mascarillas… y sobre todo, sobre todo cumpliendo con las normas. No podemos salir a pasear de cualquier manera. Tenemos que cumplir con nuestra franja horaria y llevar la mascarilla. Y procurar caminar por nuestra derecha, que tampoco es tan difícil.

Sí. Soy una privilegiada por muchas cosas pero, la primera, por mi epilepsia controlada con medicación. Eso es maravilloso. Y no puedo más que valorarlo, porque esta enfermedad tiene muchas caras y a mí me ha tocado la más amable.

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